lunes, 27 de diciembre de 2010

Cosas raras que te piden en un bar...

Para trabajar como camarera en España es necesario tener siempre a mano un diccionario de la categoría - en el caso hipotético de que este existiera. Aunque parezca sencillo pedir una cerveza o un cubata, cada uno dice lo que quiere y como quiere (y espera, por supuesto, que le comprendas).

Calimocho. Para empezar, el nombre suena a un producto de limpieza del hogar. Yo no vengo del pais vasco, no tengo la mas remota idea de qué significa un calimocho. Pídeme un vino tinto con coca-cola, mesedez.

Pomada (le miro con la ceja levantada pensando: "¿tengo cara de quien trabaja en una farmacia?). Ginebra con limón. Y no cualquier gin, debe ser el Xoriguer, ya que la pomada es tipica de las baleares y esta bebida se produce allá.

Cuando te piden un champú, ¿qué debes hacer? Antes de decirle que no soy un colmado, le pregunto amablemente, que c§*% es un champú. Y me explican: ah, es cerveza con limón. Nada más universal, de acuerdo. Entonces ¿porqué no me lo dices "cerveza con limón" simplemente? También hay los que piden clara o shandy, aunque la clara también puede llevar gaseosa en lugar del limon, por lo tanto, no hay forma que uno se aclare.

domingo, 12 de diciembre de 2010

El cambio para tabaco

Hay gente que piensa que nosotros, los de la restauración&hostelería, somos OBLIGADOS a tener monedas para la máquina de tabaco, siempre y sobre cualquier circunstancia.
A ver, empezamos con un manual básico de cómo pedir amablemente cambio cuando necesitas.
1. Sonreír y saludar. Buenos días/tardes/noche sería ideal, pero un Hola es aceptable.
2. Preguntar. ¿Tienes cambio para tabaco? o mejor ¿Me podrías dar cambio?
3. Facilitar mi trabajo. Si ves que estoy sirviendo 3 cafés, 8 mojitos y encendiendo el lavavajillas a la vez, ESPERE UN MOMENTO ANTES DE DECIRME ALGO!!!!
4. Coger las monedas y agradecerme. Un sonoro "Muchas gracias" lleva un óptimo en este listín.
5. Si yo te di el cambio, YA LO SE QUE TENGO QUE ENCENDER LA PUTA MÁQUINA, no hace falta que me preguntes si ya está encendida.

Ahora el tema cambia realmente cuando dices NO a un adicto a la nicotina. La falta de esta sustancia les puede hacer violentos, cuidado. Un ejemplo:

- ¿Me das cambio? (Ya empezamos mal... Jamás se debe empezar una pregunta con un imperativo.)
- ¿Tienes 5?
- No, tengo 50.
- Lo siento, no tengo billetes.
- Pero dame 10 en monedas, voy a comprar dos paquetes.
- No tengo, acabo de abrir el bar...
- Vale, entonces un café solo.
- Igualmente, no tengo cambio, no te lo puedo poner.
- A ver, ¡¡¡¡¡¡¡estoy consumiendo!!!!!!! (Y yo le miro con una cara de "Y????")
- Lo siento, de verdad. Si me consigues uno de 5 ó 10 te doy cambio, pero 50 no puedo.
- ¿Y tengo que ir yo a cambiar esto?
- Sí, no soy yo quien quiere comprar tabaco...

Se va, enfadado, a por los amigos a ver si alguien le deja 5€. Vuelve pisando fuerte y tira un billete de 10 sobre la barra, como si no hiciera falta repetir las formalidades aunque fuese por educación. Le doy todo en monedas.

- ¿Me la activas?
- Ya puedes.
- ¡¿Qué?!
- Que ya está activada.
- Ah, ya va.
- Oye, que se quedó con el cambio.
- ¿Ah, sí? ¿Cuanto has puesto?
- 5.
- Pero si el cigarro vale 4, ¿por qué pusiste 5?
- Porque metí las monedas sin mirar y la última que metí era una de 2 euros.

Me toca abrir la máquina, quitar la moneda que se le comió y cuando estoy cerrando me interrumpe:

- Oye, dame el paquete directamente.
- No puedo, la máquina tiene que computar qué entra o sale.
- Ah, vale, vale.
- Ya puedes, pero mete 4€, no más.
- Ya, ya. ¿Tienes fuego?
- No, me lo robó algún cliente el único mechero que me quedaba...
- Sin cambio, sin fuego... ¡Vaya bar que elegí para comprar tabaco!

Y antes de irse abre los dos paquetes y tira los plastiquitos al suelo. #educaciónsobresaliente

Gente coherente

- Un cortado descafeinado de sobre.
Yo: No tengo de sobre.
- Entonces un carajillo de Baileys.

- ¿Hacéis cocteles sin alcohol?
Yo: No.
- Entonces un Martini Rosso.

- Una Vichy Catalán.
Yo: No tengo Vichy, tengo Vivaris.
- No, una caña.

- Un White Russian.
Yo: No hacemos este coctel, solamente Mojito, Caipirinha o Caipiroska.
- Entonces una coca-cola.

- Un chupito Monica Levinsky.
Yo: No hacemos esto aquí.
- Entonces un Mojito XXL.

- No hay papel en el baño.
Yo: Ah, vale.
- Voy al masculino entonces.

Meetic

Él: Hola, ella primero.
Ella: Un chocolate caliente.
Yo: No hay.
Ella: ¿Qué tes tienes?
Yo: Ceylan, Frutos Rojos, Earl Grey...
Ella: Earl Grey. (Siempre cogen la última opción de la lista, nunca se acuerdan de la primera).
Él: Una coca light, no bebo alcohol. (Como si yo hubiese preguntado).

Toman asiento en la mesa más cercana a la barra. Observo que el chaval, gordito (para evitar la vulgaridad de los eufemismos), se ha afeitado, dejando una barba horripilante estilo Volverine (sin estilo alguno). La chica, guapísima, alta, delgada, viste negro, que nunca falla en primeros encuentros. La conversación/monólogo sigue...

Él: Pues como habrás leído en mi perfil me gustan las mujeres, los coches, los libros, las fotos... (Uau, cuantas posibilidades de conversación le has dado, ni media, vamos...)
Ella: Pon la bolsita del té en el agua caliente y le mira esperando que siga con algo que de pie a que entre en algún tema.
Él: También soy muy serio, eh. Si buscas un chico serio, soy yo. Bueno, lo intentaré si quieres. (Toing!)
Ella: silencio, una mirada al suelo y echa azúcar a la taza, revolviendo la cucharita sin pausa.
Él: He visto que eres francesa, ¿no? ¿Y qué? ¿Tienes familia en Francia? (No, imbécil, ella está sola en el mundo, ¡por esto busca gilipollas como tú por internet!)
Ella: Sí, tengo allá a mi...
Él: (interrumpiendo) Mis dos ciudades perfectas (todavía no pude descifrar qué quiso decir con "perfectas") son Barcelona y París, me encanta París. La mejor capital de Europa (sabéis lo que es sentir vergüenza ajena????).
Ella: ¿No llevabas gafas tu? (Toma ya!!)
Él: Sí, pero uso lentillas, son más cómodas y puedes tenerla por un buen rato sin darte cuenta y...
Ella: (interrumpiendo) No, me refiero a tu foto e perfil, ¿por qué has puesto una foto con gafas de sol?
Él: (riéndose exageradamente) No, no, no, aquello era una broma con mis amigos, de un día que cogimos la moto y nos fuimos por ahí, siempre vamos en moto por ahí. (I-DI-O-TA, ha puesto fotos con gafas para no parecer TAN feo, coño... se sincero, hombre!)
Ella: Ah.
Él: Tu tienes pinta de ser complicada, ya veo eh, como todas las chicas.
Ella: La cuenta por favor.

Les doy el platito con la factura, 4,50. Él, como uno que roba el décimo de la misa de domingo, pone todas las monedas del bolsillo en cima de la barra y empieza a contar. Ella mira la cuenta y deja 2 euros, equivalentes a su te, sobre la cuenta. Él tenía en la barra los 4,50 contados, pero completa el valor restante y vuelve a guardar las monedas, sin haber sido capaz de invitarle.

domingo, 28 de noviembre de 2010

El paleto en la Plaza Reial (cosas que sólo suceden en bcn)

No vea la que se formó en la Plaza Reiá. Había un chavá sentado en una silla, en un rincón. Llega otro, con el pelo amarillo, que disparate, y un maletón. Estaban ahí de cachondeíto cuando el chavá del maletón dijo que era chileno. Y llamó maricón a uno ahí que no menterao. Era un malaje, hablaba rasgao, errutaba, ¡fuaera¡ Los ojo sarteá, pabajo, colorá. Tenía como gorra unas manga de camisa listada. Yo, atontao, mirando a esto, no mentero que un viejo llega y el sentao se va. El viejo empieza a charlá con el chileno, son umpares, parece. El tonto este enciende el tabaco alrevé y escrupe. El chileno baila con los cantantes de la calle. El viejo anda medio cojo y viene a preguntarme qué estaba haciendo y el sinvergüenza aún me pide dinero para comprar pan, debía de estar precisao.

jueves, 27 de mayo de 2010

Los españoles y el café

Hablando en generalizaciones, no creo que haya nacionalidad que se complique más que un español a la hora de pedir un café. Veamos algunos ejemplos:

Giovanni: - Un café.

Se entiende, un café, solo, corto, expresso. Sin mariconadas ni tonterías, café es café y punto. Otra posibilidad es el capuccino, que se hace con mucha crema de leche y la misma medida de un expresso.

Jack: - Black coffee, please.

Lo que quiere es un café aguado, sencillo, sin complicaciones. Hay pocas variaciones: white coffee (café con leche) cafelatte (café con leche corto de café).

Ahora algunos ejemplos de españoles pidiendo café:

Manolo: - Me haces un café con leche en vaso, corto de café y con la leche tibia y descremada.

Pepe: - A mí me pones un café solo, largo de café, en taza, con una gota de leche y sacarina.

Carmen: - Yo me tomaré un cortado, pero muy corto de café, sin espuma, con la leche natural. Sin azúcar.

Pepita: - Quisiera un café con leche, con la leche muy caliente, con cremita y dos sobres de azúcar.

Juanito: - Quiero un cortado descafeinado de sobre con la leche templada.

Reyes: - Por favor, un café descafeinado de máquina, largo de café, con hielo y la cáscara del limón.

Luisito: - Café con leche, pero corto de café, con azúcar morena, y un vaso de agua del grifo.

Magdalena: - Mira, pones la leche natural primero, luego hechas el café y por último la espuma de la leche no muy caliente. En vaso de cortado, en cristal si puede ser.

No creas que, por más que les mimes, dejarán propina (en la vida lo harán por un café).

Clientes con niños

Una pareja se asoma la terraza, y escoge a una de las mesas libres. El ruido del arrastramiento de las sillas de metal indican que hay un cochecito de niño por medio. Y así empieza la pesadilla...

- Hola, buenas tardes, ¿qué vais a tomar?
- Hola, pues una caña y una sin, por favor - contesta el padre, aparcando el carrito.

La madre no puede mirarme, está intentando sacar algo de la boca del nene, que no pude identificar. Ya visioné todo el circo montado mientras le limpiaba con una de aquellas toallitas humedas, asquerosas, que luego tirará al cenicero, junto con el vasito del yogurt, la cáscara del plátano, la cuchara desechable, entre otras asquerosidades de lo que concierne a la alimentación del crío.

Vuelvo a la barra, empiezo a poner la caña cuando entra la mamá ya con el bibe en las manos, para que lo caliente. Pero antes, la pregunta habitual:

- ¿Tienes microondas?

El lector puede pensar que soy burra, porque podría simplemente decirle que no. Pero, con los años, los padres aprenden que el bibe también puede calentarse en una cafetera, con lo cual, no hay forma de hacerles abortar la misión. Me pide que le caliente por 30 segundos. Enseguida le llevo en una bandeja el pedido y el bibe. Antes que pueda dar media vuelta, la madre:

- Oye, que está muy caliente, ¿tienes leche fría?

Le doy un cacharro con leche fría, para que lo mezcle. Me agradece amablemente. Mi sonrisa cordial se atasca cuando miro la mesa toda manchada con yogur y las impresiones digitales del pequeño en toda la superficie (cuando no en las sillas y debajo de la mesa).

En este momento pienso que el gobierno debería encargarse de dar cursillos pos-natales a padres que tienen nociones de etiqueta próximas a cero.

El niño hace ruidos indescifrables, es gracioso, con los cachetitos colorados, de aspecto saludable y fuerte, y de pronto, con un manotazo, tira la cerveza sin de la madre, que me pide auxilio en menos de 5 minutos que dejo su mesa.

- Me puedes traer una bayeta, ¿por favor? El nene se me ha derrumbado la botella. -
Además, por supuesto que no lo menciona, hay trozos de cristales rotos por toda la terraza.

Voy con la bayeta, llevo servilletas, soy simpática e intento disfrazar mis cólicos de ira:

- No pasa nada, esto sucede siempre, es natural.

Vuelvo por el recogedor y la escoba, cuando se oye un grito de un niño y un llanto incontrolable: se había cortado las manos con el cristal del suelo. Llega otra madre, enfurecida, de estas poco preparadas para convivir en sociedad:

- Por dios, ¿qué habéis hecho a mi niño?

La pareja de la mesa se queda perpleja y me mira, como si yo tuviese la respuesta para sanar un brote de sangre que no para de gotear por toda la calle.

Le digo:

- Señora, se ha cortado con los cristales que acaban de caer al suelo. Vine a recogerlos cuando su hijo ya estaba con las manos ahí.

Vamos a la barra, le doy alcohol para que limpie la herida, el niño no para de gritar, tengo las manos llenas de sangre, me mancho la ropa, la madre no para:

- Hay que ver, a quien se le ocurre dejar cristales en el suelo, en medio a la calle, con niños alrededor, quiero la hoja de reclamación, esto es un absurdo, le puede perjudicar en la escuela, ¿qué le diré a su padre?

Mientras, los clientes que asistían al espectáculo piden las cuentas para no sostener por más tiempo aquella situación embarazosa. Tengo que cobrar billetes de 50, no me queda cambio. Otro chaval entra por un café cortado corto de café con la leche natural y sacarina, guiris se sientan en las mesas sucias, arrastran las sillas, se termina el papel higiénico del baño, me piden que suba el volumen de la música, tengo que poner el lavavajillas. Es el caos.

El niño ensangrentado se va con la madre en búsqueda del padre, yo me quedo intentando coordinar todas las demandas pendientes.

La pareja del nene viene a la barra a pagar, el padre un poco desconcertado, aunque no me pide disculpas en ningún momento. Han dejado la mesa en un estado deplorable.

- Son seis euros, por favor.
- Toma, diez.

Le doy cuatro monedas de un euro, a ver si me deja al menos una en razón del reconocimiento de la categoría de camarera que soy. En pocos segundos, me dice:

- Dame un billete de cinco, que tengo un euro.

(Es una profesión non grata, como ya podéis notar.)